Esta obra compleja nos acerca al difícil concepto de la funcionabilidad del arte, y los mecanismos de producción de la cultura artística, y su incidencia en los comportamientos sociales, como obras que actúan sobre los espectadores. Par el autor el arte trasciende al propio creador e impacta sobre las mentes de las masas, ayudando a su progreso. Es por ello que para Benjamin el lenguaje de la obra de arte es entendido como un instrumento para difundir el conocimiento y reflexionar entorno al mismo. Entonces, podemos decir que Benjamín, se ocupa de los aspectos que modifican la concepción del arte a partir de su metamorfosis como lenguaje. Y de cómo éste tiene la capacidad de afectar en la conciencia social.
Ahora ya poseen la misma velocidad. Una velocidad, una forma de expresión que, sin lugar a duda, modifica las sensaciones. Lo que se quiere decir es que el lenguaje es condicionante y constitutivo de conocimiento y conciencia y, por eso mismo, no es del todo raro que el cine surja en la sociedad capitalista, que necesita influir a las masas a la vez, sin ir individuo por individuo, como lo podía hacer una pintura”.
Los diversos métodos de reproductibilidad son tan fuertes hoy en día, que han modificado la relación que tenemos con el arte, y es aquí donde se sustenta la idea de pensar el arte como un instrumento para influir en las masas. El autor nos dice que el arte, en lugar de su fundamentación en un ritual aparece en una praxis distinta, a saber, en la política. Pasa el arte entonces a tener una dimensión ideológica de gran utilidad educativa, informativa y política, y en esa nueva dimensión donde adquiere su misión social, en la lucha por la libración, sobre todo para romper las cadenas que atan a la mente, al conocimiento.
El arte, en la idea del autor, debería inspirarse en comunidades de hombres libres y razonables, para así mostrar el sentido de los movimientos sociales, y el propio sentido de la historia.
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